viernes, 3 de febrero de 2012

¿Por qué los perros pasan por el lado opuesto del poste?

Es un flagelo social, de escaso tratamiento en la literatura sociológica, el comportamiento de los canes en la vía pública. Uno de los aspectos más notorios es el del perro pasando por el lado opuesto de cualquier tipo de poste (la oposición se define con respecto al paseador). Muchos se han convencido de que el motivo de tal comportamiento, que hace ver al dueño como un verdadero idiota incapaz de dominar a su mascota de 5 kg, es la mera casualidad. Algunos van más allá y responsabilizan a algún aroma depositado por otro can al otro lado del poste, aroma al cual el perro no puede resistirse y sobre el cual, consecuentemente, se zambulle cual ágil clavadista olímpico.
La mayor complejidad de esta segunda explicación refleja un mayor nivel de reflexión sobre el fenómeno pero se sigue confiando en la buena voluntad del cuadrúpedo. Lo que aquí se quiere señalar es que tal buena voluntad no existe, que la misma es solo una actuación mantenida por esta especie desde tiempos inmemorables. Las verdaderas intenciones son la supervivencia lisa y llana, sin importar a cuántas prácticas patéticas e hipócritas deban someterse. La magnificencia de esta especie, que algunos admiradores de estos seres rastreros quieren destacar, no es tal, lo cual quedará demostrado al final de este escrito.
Comencemos por un poco de historia. Se sospecha que el perro proviene de lobos salvajes domesticados. Cualquier mención sobre el tema reduce la complejidad del fenómeno a una oración como la anterior: “el perro proviene de lobos salvajes domesticados”. Punto. No pregunte más señora, vaya a disfrutar de su labrador señor, a quién le puede interesar, después de todo, cuáles son los orígenes de su querido Rintintín. Me resulta curioso que tanta gente con perro no haya investigado el tema. Después de todo, es un animal con la capacidad de matar el que se está dejando dormir a la vera de la cama de su hijo. Yo lo he hecho y aquí presento los resultados de mi investigación.
El supuestamente sencillo proceso de conversión de una bestia salvaje como un lobo en un patético caniche toy no se ha realizado sin controversia dentro de la Comunidad Perruna. Desde los comienzos de esta historia ha habido grandes exponentes de la Resistance canina, que han sido borrados, lisa y llanamente, de los manuales de historia de Aique y Santillana.
Uno de los más memorables respondía al nombre Gengis Kan. Usted me dirá, “ese es el mongol que le dio la salsa a los chinos”. Está en lo cierto. Pero lo que usted no conoce es que poco tiempo después de la victoria de los mongoles sobre los chinos, los perros de dicho país decidieron revelarse contra la tiranía de sus amos. Arduas batallas urbanas se sucedieron. El verdadero nombre del líder de la revolución canina no se conoce, pero debido a la proximidad temporal del suceso encabezado por Kan, los perros lo denominaron también Gengis Kan. Esto era una mojada de oreja a los chinos y una forma de recordarles que eran débiles.
De esta forma, cuando los chinos comenzaban a liberarse de los mongoles les estallaba una revuelta perruna interna. La cúpula dirigencial china decidió matar dos pájaros de un tiro, valiéndose de que sus dos enemigos tenían el mismo nombre.
Por un lado tenían que borrar el recuerdo de la paliza que se habían comido (corriste chino, corriste y lo sabés) dado que afectaba la moral nacional. Por otro, tenían que apaciguar la amenaza que representaban los perros para la sociedad. Así fue como se redujo la figura doblemente amenazante de Kan a la de un perrito de peluche amigable, tiernito y suave que quería jugar con los niños, durante siglos. El humano desaparecía y el furioso cuadrúpedo se convertía en un peluche. Con el correr de los años, el nombre Kan se fue adoptando para denominar a cualquier perro y es así como hoy tenemos nuestra palabra “can”.
Los chinos sabían que la forma más fácil de cambiar una sociedad es cambiarle las ideas a los niños dado que estos son el futuro y toda esa sarasa, pero principalmente que son los únicos que le pueden romper los huevos a un adulto durante horas para que haga algo sin recibir un improperio, con la consecuente e inevitable consecución de su objetivo. La única forma de borrar el recuerdo, era reemplazar el significado del nombre de su sometedor por otro completamente distinto. Los niños fueron el vehículo, el peluche amistoso la temática. Esto dio origen a la industria del oso de peluche chino. Entre los años 1300 y 1900 aproximadamente, no había casa en toda china que no tuviese un peluche con forma de can.
Usted se preguntará cómo es que hoy día conocemos la verdadera historia de Gengis Kan. La respuesta está en la competencia que se dio en la industria del peluche hacia fines del siglo XIX. Los empresarios norteamericanos querían invadir el mundo de peluches Yankees imperialistas que actuaran como ícono de la amistad estadounidense. En este marco se inscribe el revisionismo de la historia oficial china del nombre Kan, a cargo de la comunidad académica, financiada por el gobierno estadounidense, que sacó a la luz la verdad. Además, ayudó a bajar la moral del pueblo chino en un momento de convulsión social originada en el descontento por la ocupación de las potencias occidentales de la costa este de su país y las guerras del opio. La campaña se acrecentó luego de la guerra de los Boxer (¿de dónde piensan que surge el nombre de esta raza perruna? Son los tiranos burlándose nuevamente de sus víctimas). Esta coincide con la aparición del nombre “Teddy Bear”, el cual, oh casualidad, proviene del presidente Theodore Roosevelt, quien se negó a disparar a un oso para sacarse una foto promocional. El círculo cierra perfectamente: el osito chino Kan no es un perrito amistoso. Es fruto de la maquinaria propagandística china que busca ocultar la paliza que les dio un nómade y acallar las protestas perrunas. Por otro lado, el presidente estadounidense ama a los osos y los osos Yankees son los más lindos. Clin caja.
Otro personaje a destacar, asociado al mundo académico perruno, es Kan Marx, un pichicho alemán que vivió en Inglaterra al amparo de su gran amigo Friederich Canengels. Fue un teórico que buscó abrirle la mente a todos los animales, aunque en especial a los perros, de la explotación a la que eran sometidos por sus amos humanos. Kan planteaba además que todos los perros estarían mejor si se liberaran del yugo humano y comenzaban a vivir de forma libre, tal y como hacían sus antepasados lobos. La predicción de Kan era que la revolución perruna ocurriría primero en aquel país donde los perros tuvieran mayor conciencia de su estado calamitoso. Sin embargo, no contaba con el aburguesamiento de la raza perruna. En concreto, la mayor parte de la raza prefirió llevarle las pantuflas al patrón con la cabeza gacha cuando este llegaba a la casa, salir a buscar el periódico en las frías mañanas de invierno o no morder al hincha pelotas de Timmy cuando le tiraba de las orejas durante media hora seguida (iba a usar la expresión “por enésima vez “ pero es de periodista deportivo) a cambio de poder dormir en la cama de Timmy o sentarse junto al fuego cuando el patrón lee el diario que él le trajo, diario que está plagado de noticias mentirosas y tendenciosas respecto a la excelente convivencia de perros y humanos.
Por supuesto que la mejora en las condiciones de vida de los canes no se dio así como así. Son muchos los que dicen “es un perro, que duerma afuera” y que critican a quienes los tratan como si fueran sus hijos. Lo que esos apresurados críticos no saben es que la única razón por la cual pueden decir eso frente a un rottweiler sin que este les coma la carótida de un solo mordisco es que hay gente que trata muy bien a sus perros y de esa forma retrasa la revolución perruna. Si no fuera por las damas de alta alcurnia del siglo XIX que comenzaron a abogar por los derechos de los animales, la revolución se habría producido mucho antes que la Revolución Rusa. Hoy en día ese rol está mucho más institucionalizado y es desarrollado por organizaciones como Greenpeace, las cuales están financiadas por los gobiernos, a pesar de que nos quieran hacer creer de que no tienen ninguna relación. Los Estados crearon este tipo de organizaciones para contener las demandas perrunas.
Creo que ha quedado más que claro el motivo de por qué el perro pasa por el lado opuesto del poste. Si bien la mascota se encuentra contenida por las comodidades que se le facilitan, en el fondo siente un resentimiento casi innato hacia el humano. Su única forma de expresar su descontento es con este tipo de acciones: vomitando o meando en el parqué “porque no lo sacaron a pasear cuando él quiso”, defecando en la puerta de un vecino que está justo en la calle o rompiendo algún juguete o bien preciado “porque es travieso”.
Señora, señor, trate bien a su perro. De lo contrario, solo Dios podrá ayudarnos.

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