domingo, 22 de enero de 2012

Los peores inventos del capitalismo – Mi victoria sobre el imperio Maxell:

En esta sección pretendo denunciar y quejarme (qué lindo que es quejarse) de todos aquellos objetos que el capitalismo pone a nuestra disposición bien con funciones que pretenden alcanzar objetivos espurios y que se ocultan del ojo poco entrenado, bien con una calidad pésima.
Como primera página de lo que espero será una lista interminable de críticas a la basura puesta dentro de un paquete colorido, deseo hablar de los auriculares con ficha recta.
No sé si este es el nombre técnico pero ilustra bien su forma. Tenemos dos clases de fichas para auriculares (al menos que yo conozca):
1)    las que tienen la ficha propiamente dicha recubierta por un plástico que forma un ángulo de 90º. Estas son las que se la bancan.
2)    Las que no tienen ángulo. El plástico cobertor de la ficha va perdiendo grosor y resistencia hasta que se funde con el cable. Estas son la peor mierda que trajo consigo la electrónica, después de los efectos de voz que se usan en el reggeaton(*1).
Todos aquellos que hemos tenido la desgracia de comprar un auricular del tipo 2 somos seres infelices. La compra de un metro diez de cable con un pedazo de metal con dos ranuritas negras que cubren el perímetro de dicho metal parece un acto banal. Debido a esta filosofía simplificadora es que la tragedia ocurre.
Imaginemos una situación que se repite día a día en todo el mundo occidental. Un joven confundido por la vida, sin grandes expectativas de trascender, con problemas con su familia, recurre a la música como escapatoria a sus problemas. Se refugia en ella, siente que esta lo acoge sin pedirle nada a cambio, lo envuelva cual film a un familiar de milanesa. El joven siente luego de años, largos años que pasaron desde la muerte de ese anciano vecino que lo mimaba (luego de que el caso de este muchacho llegue a los diarios, los psicólogos dirán que el excesivo “afecto” propiciado por el octogenario vecino fue determinante en el desenlace de esta historia), que el mundo es algo más que problemas. Hay un motivo para creer. Los gritos de Ozzy Ozbourne lo dejarán sordo para cuando cumpla 44 pero no importa, eso es mejor que ser un zombie el resto de la vida.
Un día, los buenos auriculares de tipo 1 que este joven poseía llegan a su fin. Han sido 2 años de fiel compañía. Uno de los pequeños filamentos de cobre que se encargaban de llevar los impulsos eléctricos hasta el auricular propiamente dicho ha dicho basta. No se puede culpar al fabricante. Después de todo nuestro joven amigo se fue tornando cada vez más licencioso en lo que al cuidado de los auriculares se refiere.
Entonces nuestro joven amigo se dirige a la tienda amiga de venta de auriculares, los cuales espera que sean sus mejores amigos en los próximos 2 años. Mira el escote de la vendedora, compara precios, hace de cuenta que escucha lo que la vendedora dice, mira el escote nuevamente, se da cuenta que el otro empleado, un nerd total, notó su mirada lasciva y se ríe con un dejo de complicidad, se siente avergonzado por compartir este sentimiento con un nerd al que seguramente hubiera golpeado en la secundaria, elige una caja sin pensarlo demasiado, paga y se retira.
Abre la caja apresuradamente porque necesita música para olvidar el vergonzoso momento. Al romper el empaque nota inmediatamente el error… Tragedia. No hay vuelta atrás porque los auriculares no tienen cambio. Esta política no es caprichosa. Una ficha recta se presenta frente a él, orgullosa y rastrera. No tiene cara. De hecho es muy pequeña como para imaginar una cara en alguna parte de su superficie. Sin embargo, el miedo, la angustia  y el odio (sobre todo odio con el universo, la moira y todo lo que lo rodea) que la imagen de la ficha le ha provocado a nuestro joven compañero son tan inmensos que su cerebro lanza órdenes de compra contradictorias de adrenalina, dopamina y testosterona para responder a sus sentimientos. Esto genera un revuelo tan grande en sus conexiones nerviosas que, además de hacerle perder un mínimo de 3 años de esperanza de vida, le permite perfectamente imaginar una cara sobre el envoltorio de plástico negro de la ficha. Esta cara lo mira con cara de mal actor hollywoodense de la década del ´60. Le está enviando un mensaje muy claro: te voy cagar, puto.
El joven niega la realidad porque la misma es insoportable. En este momento tiene dos alternativas: tirar el auricular, destruyéndolo previamente para que ninguna persona ose usarlo, cosa que arruinaría los próximos 6 meses de su vida, o seguir el camino más fácil, que consiste en enchufarlo a su MP3 y refugiarse nuevamente en sus preciados alaridos. Como estos lo han mantenido andando los últimos 6 años, escoge esta alternativa(*2). ERROR.
La vida de nuestro muchacho continúa sin mayores sobresaltos. Los auriculares funcionan bien y sus temores acerca de que el cable podía romperse en las inmediaciones de la unión con la ficha parecen ser infundadas. En este momento me detengo y digo que el uso de la palabra “infundadas” nunca fue más mejor en toda la historia de la lengua castellana. El auricular va a romperse. Algún sofista o abogado de compañía electrónica me dirá: bueno, todo tiene un final, todo termina. Lo que yo quiero resaltar es que el final de estos auriculares de clase 2 está muchísimo más cercano al presente que el de uno de clase 1.
Esto es así. Y si no pregúntenle a nuestro amigo. A los 37 días de uso llega la primera advertencia. Un solo de guitarra acompañado por una batería con óctuple pedalera se ve interrumpido solamente en el oído izquierdo. El joven mueve la ficha y todo mejora. Continúa su caminata triunfal por las veredas llevándose el mundo por delante. El problema fue que por un momento el contacto entre el metal de la ficha y el del MP3 se interrumpió por una burbuja de aire húmedo que había quedado atrapada en la recámara del reproductor. Yeah, right. A usted le parece inverosímil y tiene todo el derecho a pensar que el muchacho es un idiota. Puede que lo sea, no conozco toda su historia. Pero este pensamiento surge del instinto más básico de preservación.
9 días y 21 horas más tarde, el auricular izquierdo falla nuevamente. El joven aplica nuevamente la teoría de la burbuja pero esta vez el movimiento rotatorio de la ficha dentro de la recámara del MP3 no surte efecto. Por un momento intenta una extensión de la teoría: “quizás toda la recámara está inundada de aire húmedo. Después de todo,  vivo en Rosario”. Descarta esta posibilidad inmediatamente. Es estúpido pero no tanto.
Comienza a desplazar sus dedos por la ficha hacia el cable. Nuevamente se produce la confusión hormonal. Lo inevitable se acerca. Lo sabe. No hay escapatoria. Su esperanza de vida comienza a perder otros 3 años. La mayor parte de este daño se genera en el momento en que toca el cable y el sonido vuelve. Aquí se da un estallido de dolor y odio visceral. Ya no hay dudas, no hay que darle más vueltas al asunto. TE CAGARON FLACO. Las corporaciones electrónicas te cagaron.
Te vendieron por $70 un auricular hecho por un niño chino de 12 años al que le pagan 30 centavos la hora. Y encima te duró 46 días. El muchacho puede imaginar a toda la gente que se burló de él en su vida gritándole improperios y arrojándole cosas. La falta de música en el oído izquierdo permite que entre el sonido de la calle. Un colectivo le pasa por al lado y el estruendo de su motor se combina con el de un guacho que pasa por al lado y dice algo así como “grreregub ahuatu grrrrrrr, amigo”. Por al lado pasan dos alumnas del San Patricio que lo miran con cara de “boludaaa, tipo que qué le pasa tipo a este chabón?(*3)”. Violencia hacia su persona por doquier.
El joven cae en una depresión y desaparece de la vida pública. Es todo lo que sabemos de su historia.
Lo que hay que destacar aquí es el negocio millonario que implica la venta de auriculares con ficha recta. También hay que destacar la presencia de la vendedora tetona como agente distractor. En ocasiones puede que sea esto, en ocasiones puede que sea un muchacho con alguna característica que no podemos evitar notar y que absorbe todo nuestro poder de concentración. Puede ser un bigote con poco pelo mal afeitado, puede ser un prominente lunar. Siempre hay que estar atentos.
Usted dirá que tener empleados con estas características especialmente escogidas es muy oneroso. Puede serlo. Pero los frutos de tamaña empresa son muy jugosos. Piense que por cada auricular de ficha buena (la de 90º) se venden 12 de los otros. Esto es 12 veces más ganancia.
A estas mega corporaciones no les importa que se arruinen las vidas de millones de jóvenes como este. No les interesa el costo social en los presupuestos de salud que trae aparejado su accionar. Es por ello que solicitamos desde este humilde espacio la intervención inmediata del negocio de fabricación de auriculares.

Nota:
Yo he sido víctima recientemente del emporio Maxell. La historia no es autobiográfica, aunque he experimentado muchas de las sensaciones aquí descriptas. A esta altura de mi vida creo que he tenido 3 auriculares con ficha recta. Uno no los usé porque venían con el MP3 y eran malos. Los otros dos me han sacado 6 años de esperanza de vida. Solo espero que alguna otra gran corporación, pero de la industria farmacéutica, saque al mercado una pastilla que me devuelva esos años.
En la última oportunidad pude arreglar los auriculares comprando una nueva ficha y soldándolos. Se me rompieron de nuevo pero los voy a volver a arreglar. Solo que hasta ahora no tuve tiempo. No voy a dar mi brazo a torcer. Los insto a que se unan a mi en esta noble cruzada.

Notas al pie (Blogger de mierda, no las copió):
*1: Tengo razones para afirmar que el reggeaton es la peor creación de la historia del universo. Si consideramos que la mierda de un hipopótamo es una creación, bueno, entonces el hipopótamo es un Da Vinci al lado de los puertorriqueños ignorantes y apátridas que no pueden pronunciar la r.
*2: Este comportamiento le parecerá completamente acertado al 53% del electorado de cierto país, que solo piensan en cómo no morirse durante el día de hoy y quizás el de mañana.
*3: El uso de solo el signo de cierre de interrogación en este punto no es casual. Estas chicas piensan que solo existe este.

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