domingo, 1 de enero de 2012

¿Por qué no hay pan dulce fuera de la temporada navideña?

Cada vez que toco este sensible tema con mis conocidos, amigos y familiares, todos se miran con cara de asombro, sin entender por qué nunca se habían preguntado esto. Luego comienzan a preguntarse lo mismo que yo. ¿Por qué no hay pan dulce fuera de la temporada navideña?
Algunos responden que en las panaderías siempre hay pero yo no estoy hablando de ese pan dulce con 2 Kg de frutas secas y abrillantadas de verdad que cuesta $80. Yo pregunto por el pan dulce industrializado que podemos comprar todos los hijos de vecino de manera regular. Yo quiero pan dulce barato para todos los días.
Analicemos la situación mejor: el pan dulce es rico. Punto. Puede acompañar el mate o la chocolatada como casi ninguna otra cosa. Esta cualidad es la que, para mi, ha generado la discriminación aberrante en contra del pan dulce encabezada por las corporaciones alimenticias de este país, porque son ellas las que deciden no fabricar pan dulce durante el año.
Ahora bien, si estamos diciendo que toda la gente que conozco que come pan dulce durante las fiestas comería también este maravilloso bolo alimenticio a lo largo del año, estamos diciendo que hay demanda. Y si hay demanda, ¿por qué ninguna sucia empresa capitalista sedienta de lucro quiere cubrir esa demanda? La respuesta está en la Mafia de los panaderos.
Alguna vez escribí sobre esta organización delictiva. Entonces denuncié que los panaderos tenían un acuerdo secreto para colocar una insuficiente cantidad de crema pastelera en las facturas de cremita. He estado buscando ese post en Facebook, donde había publicado mi valiente denuncia, no sin una profunda reflexión previa sobre la potencial amenaza que se cerniría sobre mi familia, pero no he podido encontrarlo. Tengo razones para pensar que la Mafia de los panaderos ha llegado a dominar Facebook.
No me interesa quejarme de mi arriesgada posición. Solo quiero que se sepa la verdad. En su momento planteaba que para que una factura pueda ser considerada como de "cremita" tiene que tener al menos 75% de su superficie cubierta por esta pastosa y deliciosa cosa a base de huevo batido. Además, la crema debe llegar hasta un mínimo de la mitad del espesor de la factura. Si multiplicamos altura por base, obtenemos que el volumen mínimo de crema pastelera en una factura para que la misma sea considerada como una de “cremita” equivale a 37,5%. Me atrevo a decir que esto no es alcanzado casi nunca.
El motivo es claro: es más barata la masa que la crema. De esta forma, los consumidores somos víctimas de unos horribles masacotes secos que en el mejor de los casos tienen una masa medianamente sabrosa que ayuda a que nos consolemos.
Si la Mafia de los panaderos ha logrado que nos “conformemos” con cada vez menos pastelera, si ha logrado hackear la página de Facebook (o peor, ha logrado un acuerdo clandestino con su dueño, al que seguramente le pagaron con facturas con 50% de volumen cremoso, no el 25% o incluso menos con el que nos conformamos los demás humanos), perfectamente puede conseguir que Arcor y sus competidores no vendan pan dulce durante el año. Es más, muy probablemente los accionistas de estas empresas han acordado no hacerlo a cambio del mismo tipo de factura de alta calidad que recibe a diario en su mansión Mark Zuckerberg. No nos engañemos. Llegado un punto, al ser humano no le interesa ganar más plata, le interesa tener más calidad de vida. No puedo pensar en muchas cosas que mejoren más la calidad de vida de un rico que comerse una rica factura de cremita por la mañana.
Usted me dirá que a cambio, este alto directivo tiene que sacrificar su acceso y el de su familia al pan dulce pero esto no es así. En primer lugar, este alto directivo puede comprarse el de panadería. En segundo lugar, tiene acceso a los almacenes de la empresa para sacar todo el pan dulce industrial que quiera.
Ahora bien, ¿de dónde surge el interés por que no haya pan dulce en la mesa de los argentinos durante el año? El motivo es obvio. Ante la calidad decadente de las facturas y su precio en permanente aumento, la irrupción de un pan dulce con una calidad estable arruinaría el negocio de los panaderos.
Así llegamos a que hay al menos dos motivos muy fuertes para que exista la Mafia de los panaderos: 1) Lograr que se siga llamando “factura de cremita” a algo que no cumple con los requisitos para recibir tal denominación y; 2) Mantener el pan dulce fuera de las góndolas por 11 meses del año.
Una vez más, las mafias perjudican la calidad de vida de los ciudadanos. Una vez más, algo debe hacerse para terminar con… La Mafia de los panaderos.

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