Uno de los problemas cotidianos para un importante número de personas es el de ir a defecar (sí, defecar. Acá no nos andamos con eufemismos) a uno de estos lugares a los que la gente va, digamos, a hacer… mmm, sus necesidades (ustedes me entienden. Perdonen pero el asunto me pone colorado). No se ha escrito lo suficiente sobre las diversas formas de evitar contagiarse alguna enfermedad letal en estos antros de perdición bacteriológica.
Para empezar, quiero acabar con el mito de que una mísera y fina capa de papel higiénico pueda prevenir que una bacteria salte del agua y se introduzca por donde ya sabemos. Todos sabemos perfectamente que para lograr esto hacen falta dos capas de papel, y del bueno, nada de marca pichulo. Tampoco me vengan con que si es hoja simple podemos poner cuatro capas a fin de igualar las 4 capas que se obtienen con dos capas de hoja doble. La hoja doble tiene propiedades porósicas que no pueden ser imitadas por ninguna cantidad de capas de hoja simple. Esto dificulta el movimiento de las bacterias.
En segundo lugar, pasemos a las verdaderas medidas de seguridad. No voy a mentirles, hay poco que se pueda hacer. La mejor solución es, como en tantas cosas, la prevención. Usted me dirá: ¿qué significa prevención en este caso?. ¿Es acaso llevarse una botella de Harpic a todos lados atada al cinturón? No. ¿Es usar algún tipo de profiláctico tamaño negro africano? Debido a la naturaleza de la acción y la necesidad de que el bolo fecal llegue al agua, lamento decirle que tampoco. En este caso la prevención es la elección correcta del cubículo. De allí en más no hay nada más que hacer. Solo queda rezarle a Dios Gilmour (si sos un hereje podés rezarle a tu dios o al Diego).
¿Qué cubículo es el adecuado? Durante los últimos dos meses y medio he dedicado un rato todos los días a reflexionar sobre esta cuestión. Pueden imaginarse a qué situación me refiero (qué útiles que son los eufemismos para no decir “cuando estoy cagando”. Son la base de la civilización). Mis conclusiones son las siguientes:
- Lo más importante es NO elegir aquel al que concurren las personas que tienen una emergencia. Una persona en emergencia es aquella que por diversos motivos tiene una descompostura. Esta afecta no solo la cantidad y calidad nociva de los agentes patógenos mezclados en la materia a ser expulsada sino también la calidad y el cuidado con el que la acción propiamente dicha es efectuada. Una persona en esta situación se asemeja a un Boeing 747 con 2 motores menos. El piloto (el sujeto defecante) hará lo que pueda por llegar a una zona segura de aterrizaje (el inodoro), pero muy a menudo no acertará en un 100% a la pista (muy a menudo no acertará al agujero del inodoro). Por lo tanto es menester evitar sentarse en uno de estos lugares donde una tragedia ha ocurrido. Todos podemos imaginarnos la escena en base a la película Viven. Primero las bacterias son todas buenitas y cristianas y no quieren comerse entre ellas. A las pocas horas, estarán deseosas de que algún desprevenido pose sus pompis sobre ellas para tener un rápido acceso a su organismo.
- Dicho esto, pasemos al análisis de cuál es el cubículo que potencialmente será escenario de la mayor cantidad de accidentes. El sentido común indicaría que este será el más cercano a la puerta del baño. Como de costumbre, el sentido común solo sirve para que la gente hable al pedo porque no es así.
Pensemos en la persona que tienen este problema. Se encuentra desesperada, haciendo un increíble esfuerzo para contener lo inevitable. Esta persona no está en completo uso de sus facultades motrices. Por lo tanto se ve imposibilitada de hacer cambios de dirección repentinos dado que estos implican una contracción de la zona abdominal que resultaría fatal. Debido a que los cubículos no suelen estar de frente a la puerta de entrada del baño sino ubicados de manera paralela al sentido de circulación de los usuarios de los baños, para entrar al cubículo hay que hacer un giro de 90º, repito 90º. Esto asemeja la situación a un rastrojero tratando de doblar en una esquina a 120 por hora. Si intenta la maniobra va a terminar estrolado contra la ochava opuesta. En nuestro caso, la ochava es la punta de la pared que separa el primer del segundo cubículo.
Conclusión: el primer cubículo es una opción.
- ¿Cómo se sigue desde aquí? Si continuamos con el análisis hasta aquí realizado, uno podría suponer que para suavizar la curva, el sujeto va a dirigirse al último cubículo. Nuevamente, la primera impresión es equivocada. Esta está pasando por alto un mecanismo mental que está presente en todos los cerebros humanos y que es el de la aversión a lo último. La gente es de Boca y River porque en general no salen últimos, la gente vota al peronismo porque nunca sale último (cualquier asociación entre el tema del escrito, a saber, la mierda, y Boca, River o, en especial, el peronismo, corre por cuenta del lector). A la gente le gusta ganar y por eso busca la proximidad al primer puesto. Como ya vimos, el primer puesto en este caso es inaccesible por fuerza mayor. Entonces se busca la segunda opción más cercana. Además, aquí hay otro motivo, relacionado a la celeridad con la que hace falta sentarse. Cuanto más cerca esté el cubículo, más rápido podremos terminar con el esfuerzo hercúleo de retención.
Dependiendo de la gravedad del cuadro estomacal y de la capacidad motriz de la persona, el segundo cubículo será o no la opción elegida. Lo será si el beneficio derivado de entrar en el segundo cubículo por estar más próximo que el tercero es mayor al costo derivado de querer entrar en el segundo y forzar la máquina (recordemos que el fracaso implica la muerte. Bueno, no la muerte pero una de las experiencias más desagradables y denigrantes que puede experimentar un ser humano). Este análisis será realizado cubículo tras cubículo hasta que se sienta que se puede doblar sin arriesgarse (cuanta más urgencia haya, más riesgo se estará dispuesto a correr puesto que el riesgo de no hacerlo también es elevado).
- Así se puede arribar a la conclusión de que en un baño con muchos cubículos, los últimos serán los mejores. Si tengo que apostar, diría que el 2º y el 3º van a ser las opciones más elegidas por la gente en emergencia.
- Un tema aparte, sobre el cual no tengo una opinión definitiva, es la conveniencia o no de usar el último. Si aplicamos estrictamente el análisis hasta aquí realizado llegaremos a la conclusión de que es el más conveniente. Mi espíritu científico me impulsa a hacer esto pero mi instinto de supervivencia argentino me dice que muchos vivos en perfecto estado de salud pueden pensar así y dirigirse a este cubículo. Esto lo convertiría en el menos usado por los desesperados pero en el más usado por el resto, lo cual quita gran parte de su atractivo. En este caso, entonces, recomendaría el uso del antepenúltimo, aunque sin perder de vista que este puede ser el segundo o el tercero. En caso de que esta superposición de criterios se de, se debe priorizar el evitar los cubículos de emergencia. No puedo enfatizar lo suficiente este punto.
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