Algunos dirán que en esta oportunidad estoy exagerando. En sí uno podría pensar que este sujeto es alguien muy afecto a la lectura, que no puede dejar de leer ni un segundo. En mi opinión, no hay libro tan bueno como para no poder dejar de leerlo para abocarse de lleno a una tarea tan placentera como la de ir al baño. Una persona que hace las dos actividades al mismo tiempo necesariamente le está quitando atención a una de ellas.
Esto nos habla a las claras de una situación en la que hay dos alternativas:
1) Si la persona prioriza la atención a la lectura es un idiota porque perfectamente se podría tomar 3 minutos sin leer para sentarse y hacer las cosas de la forma correcta. Luego, lleno de regocijo y dicha y, envuelto en el halo mágico de la gracia del Señor, continuar con la lectura. Pero no, el tipo se miente a sí mismo y se dice “este libro no lo puedo dejar de leer ni un minuto. Es tan bueno, que no puedo permitirme disfrutar de una buena ida de cuerpo”.
1) Si la persona prioriza la atención a la lectura es un idiota porque perfectamente se podría tomar 3 minutos sin leer para sentarse y hacer las cosas de la forma correcta. Luego, lleno de regocijo y dicha y, envuelto en el halo mágico de la gracia del Señor, continuar con la lectura. Pero no, el tipo se miente a sí mismo y se dice “este libro no lo puedo dejar de leer ni un minuto. Es tan bueno, que no puedo permitirme disfrutar de una buena ida de cuerpo”.
Una primera explicación es que es un ser inmaduro, atolondrado, que aún no aprendió a disfrutar de los placeres de la vida. Quiere todo ya.
2) Si prioriza la atención dada a la acción fisiológica, entonces el libro no es tan bueno o no le interesa tanto. Nuevamente, el tipo es un idiota, porque si no le vas a dar toda tu atención conviene dejarlo 3 minutos a un costado. Las páginas van a seguir estando ahí. Frodo no va a seguir adentrándose en Mordor si vos no leés. Cuesta entenderlo pero no es como ir al baño en el cine.
Esta segunda opción (el libro no es tan bueno) se explica por el simple hecho de que un pedazo de desecho fecal produce más placer que la lectura. Podríamos decir que el libro es menos que un pedazo de mierda y no estaríamos faltando a la verdad. Si este es el caso, conviene dejar de leer, hacer las cosas como se deben, y volver a la lectura con energías renovadas.
Ahora bien, en la conversación que mencionaba al principio con mi jefe de campaña, llegamos a la conclusión de que el tipo que se lleva un libro al baño es alguien que en el mejor de los casos se está mintiendo a sí mismo, una persona que quiere saberse tan culto que está dispuesta a desperdiciar el placer de esta acción tan cotidiana pero al mismo tiempo tan sublime o a la que en sí no le interesa lo que dice el libro.
Ahora bien, en la conversación que mencionaba al principio con mi jefe de campaña, llegamos a la conclusión de que el tipo que se lleva un libro al baño es alguien que en el mejor de los casos se está mintiendo a sí mismo, una persona que quiere saberse tan culto que está dispuesta a desperdiciar el placer de esta acción tan cotidiana pero al mismo tiempo tan sublime o a la que en sí no le interesa lo que dice el libro.
En el peor de los casos es un snob del segundo peor tipo que hace esto para luego ir a una reunión social y pavonearse frente a sus amistades diciendo “el otro día estaba leyendo uno de Bucay y estaba tan interesante que me lo tuve que llevar al baño. No lo podía dejar de leer”. El snob de peor calaña es el que ni siquiera lee el libro de Bucay sino que se busca el resumen en Wikipedia o ve la película y luego habla del libro como si lo hubiese leído. Este es otro ser hiper despreciable del universo.
El tipo que realmente ama la lectura no decide entre leer y disfrutar de un cago. Esa persona ya leyó lo suficiente como para saber que puede dejar de leer un rato para disfrutar de lo otro. El tipo al que realmente le gusta la lectura es aquel que se ve en la disyuntiva de abrocharse el cinturón de seguridad e inflar el salvavidas cuando se le parte un ala al avión en el que viaja o seguir leyendo 2 páginas más con 9 G de fuerza sobre su cabeza para ver si Frodo destruye el anillo o no. Y podemos decir que no es un snob porque acá se juega la vida.
Ahora bien, este individuo no es apreciado en la sociedad actual porque la misma está llena de snobs del segundo peor tipo que ante la reseña de la anécdota del avión en la que siguió leyendo poniendo en riesgo su vida recibe comentarios del orden “si, todo muy lindo pero si estás acá el ala no estaba tan rota. Además, te quiero ver si te agarraba la turbulencia cagando en el baño del avión. Una vez, cuando volaba a Miami, estaba leyendo en el baño el último de Bucay y…”.
Bien podría ocurrir que la persona decida instalarse en el baño indefinidamente con el libro, disfrutando de la acción fisiológica para luego abocarse a la lectura con sus esfínteres relajados. Yo defiendo y practico esta postura pero por tiempo limitado, tiempo que resulta despreciable respecto a la cantidad necesaria para leer un libro entero, o al menos una parte significativa, haciendo superfluo llevarse el libro. El tiempo que uno puede pasar en el baño sin que se dude de su honorabilidad alcanza para leer un artículo de 3 páginas de revista u hojear unas cuantas fotos. Un artículo central de la National Geographic requiere al menos 2 visitas. Si está muy interesante se puede aceptar como una excepción su lectura completa en una sola visita, pero es una excepción. Imaginen si todos estuviésemos comportándonos de esa forma permanentemente. Las bases de la sociedad se desmoronarían inmediatamente. ¡Y nada de andar diciendo que se leyó dicho artículo en el baño! Estos comentarios solo pueden llevar a que todos empiecen a comentar este tipo de cosas en público, tras lo cual todos hablaríamos simplemente de lo que hacemos en el baño porque, admitámoslo, ¿cuántas cosas le ganan a esto?
Esto no es una base saludable para una sociedad. Pensemos solo por un momento en qué hubiese sido de la teoría de la relatividad si Einstein hubiese podido hablar en público de sus experiencias en el baño. Tendríamos una serie de estudios muy profundos sobre las propiedades de la materia fecal pero la física estaría casi un siglo atrasada.
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