jueves, 5 de julio de 2012

Los seres más despreciables del mundo – Los que tocan bocina


Este artículo también podría ir a la sección Formas de comprobar si una persona es un idiota. En realidad, esta última es una evolución de la primera que agrega un aspecto positivo a la cuestión. No hay que criticar solamente y decir “esa persona merece nuestro desprecio, esa persona es un imbécil”. No. Hay que proponer algo. Y de allí los consejos tan valiosos que busco aportar en la versión 2.0.
Si no desea leer todo el artículo, puede llevarse la siguiente máxima: toda persona que toque la bocina más de 2 veces al mes es un idiota. Luego se pueden establecer graduaciones, pero este es un tema más complejo.
No quiero aburrir, pero el debate actual de los académicos especialistas en la materia gira en torno a cómo crece la idiotez de la persona con el uso de más bocinazos: algunos dicen que crece de forma lineal, lo cual implicaría que cada bocinazo extra estaría indicando un aumento en la idiotez del sujeto igual al que demostró el bocinazo anterior. Otros plantean que lo hace a tasa decreciente, pero esto es así simplemente porque los primeros 3 o 4 bocinazos después del segundo ya demuestran una idiotez tan mayúscula que uno más no hace más que venir a confirmar lo que todos sabíamos un bocinazo atrás. Por último, algunos hippies de la ciencia dicen que crece a tasa creciente. Esto implica que cada bocinazo extra muestra un crecimiento en la idiotez del sujeto superior a la que mostraba el anterior. Este planteo es dócil con los que tocan la bocina 4 o 5 veces en lugar de dos, porque no penaliza demasiado esos 2 o 3 bocinazos de más, sino los siguientes.
Este tipo de dilaciones intelectuales tienden a aburrir al gran público y a hacer que se pierde la atención sobre lo importante: la acción de tocar bocina es la versión del siglo XX-XXI de un cavernícola pegándole con un garrote a una roca para ver si se abre y hay comida adentro. Si usted es una persona que usa la bocina 3 veces al año tiene la suficiente capacidad mental para deducir de la afirmación anterior que mi opinión sobre los que la tocan muy seguido no es la mejor. Si usted es de los que tocan bocina ante cualquier vicisitud que presente el camino no puede deducir esto. Por lo tanto le ahorro el trabajo neuronal: USTED ES UN CAVERNÍCOLA.
La gente tiende a acusarme de ser un poco exagerado. Seguramente algunos adictos a la bocina o familiares de estos pensarán que este es otro caso de lo anterior, pero no. Podría terminar este escrito acá y repetir “pero no…” e irme caminando con actitud heroica, pero no… (en este momento me estoy parando de la silla y alejándome de la PC con actitud heroica).
(En este momento estoy volviendo a la PC porque ya me serví un vaso de agua). Es mi deseo comprender a quien toca la bocina, por ejemplo, en un embotellamiento. Si bien es cierto que el sonido son ondas que se mueven por la materia y si bien es cierto que no soy físico y que Física de quinto año es la única materia que me llevé en el secundario, creo que mis cálculos a ojo no fallan y que puedo afirmar que la energía intrínseca a una onda de sonido no alcanza para mover al auto que tenemos adelante. Muchísimo menos a un 115 con 45 personas arriba. Entonces, ¿qué lleva a una persona a perder lo poco que la diferencia de un primate y tocar la bocina?
Una teoría es que quizás piense que el que está adelante no se da cuenta que tiene que avanzar para que el resto lo haga. Usted, el que hizo la maravillosa deducción mencionada en el primer párrafo, me dirá que el que está inmediatamente delante de nuestro hombre de Neanderthal no se puede mover porque adelante hay otro que no se mueve, y así sucesivamente por una distancia de consideración que constituye la condición sine que non de los embotellamientos, a saber: un montón de vehículos uno atrás del otro, sin moverse. Bueno, usted, señor Lógica, no se da cuenta que esta palabra no es un adjetivo válido para el Neanderthal. Nuestro Neanderthal no puede ver más allá del primer auto que tiene adelante. Por lo tanto solo ve un vehículo y la inmensidad de la pampa delante. En esta situación, es más que claro que el supuesto idiota que está adelante es un idiota hecho y derecho para nuestro Neanderthalus, dado que no se lanza a recorrer la pampa. Por eso le tocamos bocina.
Usted me retrucará y me dirá que si el cavernícola tiene problemas de visión, nunca podría haber pasado el examen psicofísico para que le den el carnet. Yo le responderé que el problema no es físico, el problema es una inferioridad mental puntual que lo inhabilita para convivir en sociedad y darse cuenta que existe todo un universo a su alrededor. De esta forma, no solo no puede darse cuenta de que hay más autos adelante sino tampoco de que hay peatones, que, según potenciales palabras de nuestros bocinadictos,“son unos boludos que caminan a todos lados; cómo no van a tener auto, giles”.
Aún cuando pudiera ver los demás autos, seguro que estaría convencido de que él puede ver algo que el resto no, un huequito por el cual pasa un Scania, pero claro, la pelotuda que tenemos adelante en lugar de estar lavando los platos está manejando. Porque seguro que la que armó el quilombo es una pelotuda. Entonces, tocamos bocina para alertar sobre el huequito. Esto habla a las claras de dos características de este sujeto: una actitud machista, correspondiente a su cavernicolismo y una actitud de “yo me las sé todas”, también muy clásica de su cavernicolismo.
Creo que a esta altura ya ha quedado demostrado que quien toca la bocina es un ser despreciable. Como siempre, la hipocresía social impide imponer la pena máxima a las personas despreciables. Por lo tanto pasé al plan B y encontré una respuesta que involucra a un conjunto de grandes corporaciones, las cuales amo por mi condición de anti-kirchnerista. Estamos hablando de las corporaciones automotrices. ¿Por qué las necesitamos? Básicamente porque mi propuesta consiste en poner un contador de bocinazos en los automóviles. De esta forma podríamos ver cuántas veces da un bocinazo un sujeto X. Según mi sentido común, no hay forma de que un no cavernícola toque la bocina más de 2 veces al mes. Podemos negociar 3 con el peronismo, cuyos afiliados serán los principales damnificados. Así, si una persona toca la bocina más de 3 veces por mes empieza a pagar por cada bocinazo, subiendo la tarifa de forma exponencial. Así, el erario público se vería fortalecido y podría organizar conciertos gratuitos para todos los que no estén en la lista de genocidas sónicos (una persona que interrumpe una buena pieza musical es un genocida sónico) y compensar a las víctimas.
La puesta en práctica del proyecto tendría ventajas para la ciencia también. Dado que permitiría distinguir a los seres menos evolucionados de la sociedad con relativa facilidad y confiabilidad, los científicos podrían estudiar a estos sujetos y compararlos con quienes tocan menos bocinazos. De esta forma, se podría dejar de suponer cómo funcionaba el cerebro de un Neanderthal, de los primeros homo sapiens, de los un poco más avanzados, etc, hasta llegar a los lectores de este blog, que claramente son los más evolucionados. Así se se podrían sacar interesantes conclusiones sobre cómo fue evolucionando el cerebro humano para llegar a la curiosa situación actual en la que algunos tocan la bocina y otros no. Sería fascinante.

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