Esta sección calculo que va a ser muy popular debido a que está dedicada a criticar a personajes o categorías sociales impopulares.
Para la primera entrega tenemos a una entidad sumamente despreciable, a la cual uno puede detestar aproximadamente 5 minutos pero, al mismo tiempo, prácticamente no pasa un día en que no se nos presente para molestarnos. Sí, acertaste, estamos hablando de las personas que caminan a +/- 5% de nuestra velocidad.
Esta gentuza, que tiene el atrevimiento de caminar prácticamente a la misma velocidad que nosotros, y por la misma vereda, es realmente molesta. Si alguno no se dio cuenta y ahora empieza a notar esto, lamento haberles cagado la vida. Hay motivos físicos pero también psicológicos para sentir esta molestia.
Entre los físicos encontramos varios factores. Por un lado es inevitable que una persona que camina un poco más despacio que nosotros nos resulte un estorbo puesto que no nos deja pasarla de manera rápida. Si lo intentamos, tenemos que esperar que no venga nadie caminando en sentido contrario o tener la precaución de transitar veredas amplias. Algo similar ocurre cuando nos quieren pasar a nosotros.
Por otro lado, también es muy molesto cuando alguien nos pasa pero luego baja su velocidad, estabilizándose en una muy parecida a la nuestra y solo 1 metro adelante. Uno tiene la sensación de que en cualquier momento le va a pisar el talón y le va a sacar el zapato. Evitemos hablar de los que te pasan y después disminuyen mucho su velocidad, haciendo que tengamos que volver a pasarlos. Esta gente son lacras asquerosas. No les cabe otro calificativo. Se puede extender la aplicación de la categoría a los que te pasan con su auto y luego se comportan de esta manera.
En cuanto a los motivos de índole psicológica, es sabido que a todos nos gusta pertenecer a la comunidad pero creo yo que no buscamos la empatía con otros por medio del caminar a la misma velocidad. Es muy difícil lograr que toda la gente de una cuadra camine a la misma velocidad. Por eso, los gobiernos de todo el mundo buscan cosas que todos podemos odiar al mismo tiempo como las grandes corporaciones, el terrorismo, los soviéticos, los nazis o los osos (btw, si detestan a los osos, voten por el Sí a la 24). La velocidad de caminata, por el contrario, funciona como uno de los mecanismos que tenemos para diferenciarnos del resto. Todos creemos que nuestra velocidad es la correcta. El que camina un poco más rápido es un bobo que no se da cuenta que caminando más rápido se cansa y se ahorra unos 5 segundos por cuadra, que inevitablemente perderá al llegar al semáforo de la esquina, y el que camina más lento es un holgazán que se va a morir de un infarto a los 35 años por no haber ejercitado lo suficiente mientras caminaba todos los días. Esto implica que cuando nos cruzamos con una persona que camina a nuestra misma velocidad, no nos encontramos con otro ser humano sino con un rival. De esto nace un odio profundo.
Cuando sumamos el desprecio por los motivos físicos y por los psicológicos se genera un cóctel explosivo. Este es el motivo por el cual cuando yo me veo en la disyuntiva de pasar o no a alguien que camina más o menos al mismo ritmo que yo me inclino por dos alternativas: o me quedo atrás y camino más despacio por un rato para que no me molesten más o los paso pero con decisión, forzando la máquina. De lo contrario me arriesgo a que alguien me tire un golpe traicionero desde atrás.
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