Es sabido que los capitalistas de todas partes del mundo han buscado formas novedosas de limitar el poder de protesta de sus trabajadores. En Oriente eso se logró con la represión lisa y llana, en la URSS no hacía falta reprimir (guiño – guiño) porque todos éramos iguales (guiño –guiño – guiño), en EEUU mediante el fordismo y la descalificación de la labor obrera y en Argentina mediante la declaración de la quiebra y la mudanza de la fábrica al sur de Brasil o a Uruguay.
Sin embargo, todas estas formas sirven para etapas iniciales en el desarrollo de la era capitalista. Una vez que estas artimañas fueron derrotadas mediante años y años de lucha sindical y que esos burócratas en Washington se tornaron más receptivos de las protestas de los sindicalistas comunistas que de los verdaderos americanos, las opciones de nuestros amigos empresarios para obtener grandes ventajas de la noche a la mañana se vieron reducidas fuertemente. Allí es cuando se debió empezar a usar el ingenio.
Durante un tiempo se recurrió al aumento de la productividad del trabajador, mejorando las condiciones de trabajo, agregando alguna innovación tecnológica por aquí o allí, permitiendo la participación accionaria o aflojándole al acoso sexual. Pero rápidamente todo esto dejó de funcionar y llegamos a las crisis de los ´70 y los ´80 con el petróleo, deudas latinoamericanas y demás yerbas. Cuando el mundo parecía que se acababa aparecieron las computadoras y los ´90 fueron la década de despegue de una nueva era. Sin embargo, hacia fines de los ´90-principios de los ´00, el empuje de esta revolución tecnológica se estaba acabando y hacía falta introducir algo que aumentara la productividad para estrujar un poco más ese dólar. Entonces hace su aparición el mouse óptico.
Usted, lector avispado y difícil de engañar, me dirá que el cambio en un mouse no puede cambiar mucho la productividad. En eso tiene razón. Sin embargo, usted no es tan avispado y difícil de engañar puesto que no presta atención a lo que yo he dicho un par de párrafos arriba sobre la conducta del empresariado internacional. Si hubiera prestado atención se hubiera dado cuenta que el capitán de industria, el verdadero capitán de industria, disfruta su posición no por el dinero que gana sino por el poder explotar a su empleado y para ello tiene que limitar su poder de negociación y protesta. El verdadero capitán de industria no es ese que se deja doblegar por la “ley” y se sienta a “negociar” con sus “empleados”. El verdadero capitán de industria solo conoce “la ley” que él redacta para su fábrica, no “negocia” sino que impone, y no tiene “empleados” sino esclavos a los cuales es mejor pagarles un jornal y que se vayan a casa antes que tener que darle alojamiento y comida a él y a toda su prole. Sin embargo, siguen siendo sus esclavos dado que dispone sobre sus vidas al poder echarlo de un día para otro. El empresario exitoso es una persona que no sabe nada de los placeres de la vida. Es un ser amargado y enojado con el universo que debido a sucesivos fracasos en su vida personal dedica todas sus energías a crear una empresa con el solo objetivo de tener a cientos de humanos bailando en la palma de su mano a los cuales amenazar. La amenaza consiste en destruir su vida burguesa.
El mouse óptico entra en juego para limitar la forma de protesta sindical que más proliferó durante los ´90, a saber, el robo hormiga de las bolitas del mouse mecánico. Debido al tamaño ínfimo de este elemento y a la facilidad con que se podían retirar, cualquier cerdo comunista infiltrado en una empresa podía robarse 3 o 4 bolitas del mouse de sus compañeros y hacer caer la productividad de la empresa toda en un porcentaje igual a la proporción que 3 o 4 represente en la plantilla total de la empresa. De hecho, se estima que el saboteador más hábil que hubo, Johnny “ball stealer” Johnson[1], podía robarse la abismal cifra de 113 bolitas en un día. Imaginen esto multiplicado por millones de personas descontentas con sus trabajos… El resultado inevitable era la paralización absoluta de la economía de cualquier país en la que sus trabajadores se encontraran desencantados.
A esto hay que sumar los daños ocasionados por las bolitas dejadas “casualmente” en las alfombras de las oficinas. Por esas situaciones desgraciadas de la historia, las bolitas eran grises claras y quedaban bastante camufladas en las comúnmente usadas alfombras color gris o blanco. Esto ocasionaba que más de un buen empleado, que no dejaba de trabajar mientras iba al baño y se desplazaba por los pasillos con sus ojos puestos en una balance, resbalara y cayera al piso, quedando incapacitado de por vida. Bueno, no de por vida, pero sí por unas semanas quizás, que en el campo de lucha capitalista pueden representar el nacimiento, crecimiento, madurez y muerte de una empresa. El daño infligido era directamente proporcional a lo buen empleado que se fuera: si se era un saboteador se estaba al tanto de las pelotitas y se evitaba el pasillo minado; si se era un empleado medio vago que iba al baño sin una hoja en la mano se podía ver la pelotita y no levantarla porque no se es tan buen empleado como para agacharse innecesariamente; si se era un buen empleado ocurría lo ya descripto, con la cadera rota como resultado; si se era un muy buen empleado y se iba con la hoja en una mano y con un lápiz en la otra dado que el “retoque” del balance requería que no se desperdiciara ni un segundo, el resultado era, además de la cadera rota, un ojo menos debido a que el lápiz terminaba casi con seguridad en el centro del mismo; si se era un excelente empleado, la única diferencia era que el lápiz siempre tenía la punta sacada al máximo que la física permite, haciendo que el mismo llegara hasta el cerebro provocando daños a determinar en cada caso.
Usted, lector avispado y difícil de engañar, me dirá que esta posibilidad del sabotaje siempre estuvo presente pero yo le diré que no. Rockefeller no se hizo millonario porque fuese un hábil empresario sino porque no había forma de que un empleado se llevara un barril con 500 litros de petróleo en el bolsillo de su pantalón. Sí estaba la posibilidad de tumbar el petróleo en el piso y hacer patinar a más de uno, como bien nos demuestran varios episodios de Scooby Doo, pero el petróleo es de color negro y destaca fácilmente.
Ahora bien, llegado al caso, cualquier empleado de Microsoft se podía llevar 500 pelotitas en un bolso si así lo deseaba. Cómo hizo Bill Gates para reflotar su compañía, no lo entiendo, pero me saco el sombrero ante él. Y hablando de sombreros, imagínense cómo hubiesen sido las cosas si los saboteadores hubieran tenido la posibilidad de esconder más pelotitas bajo un sombrero… Claramente las computadoras no hubieran progresado. Agradezcamos a la moda y al exterminio del reinado del sombrero[2]
En definitiva, cuando Bush se enteró que iban a tumbar las torres, la guerra con Irak y el enojo de la población por los magros resultados en ella, mandó a investigar un sistema que impidiera el colapso de la economía norteamericana. En realidad fue Clinton. Esto explica el buen desempeño de la economía estadounidense durante los ´90. Entre la compra de nuevos mouses y la inversión en investigación del mouse óptico se explica el 15% del PBI, haciendo innecesarias las guerras para reactivar la economía. De allí que los conflictos militares de EEUU fueran tan pocos durante los ´90. Los que hubo se ocasionaron para mantener el espíritu guerrero en la población (no son tontos, sabían que la bonanza de las pelotitas de mouse no era eterna).
Como se puede ver claramente, la invención del mouse óptico obedeció a motivos bien distintos a los normalmente planteados. No fue para mejorar el rendimiento del empleado al no tener que detenerse a limpiar su ratón. Fue para anular una práctica sindical, discutible pero efectiva al fin. Con este avance, miles de oficinistas quedaron totalmente desamparados ante cualquier tipo de negociación laboral. Triste pero real.
[1] Johnny “ball stealer” Johnson fue controlado mediante el otorgamiento del record mundial de sacado de bolitas de mouse en un minuto. Esto le permitió ganar millones, que mal invirtió en la línea de mouses mecánicos de Genius. Cuando los mismos fueron retirados del mercado perdió todo lo que había ganado y se suicidó tragándose 43 pelotitas de mouse retirados de circulación por la toxicidad de sus partes, en especial las pelotitas.
[2] En otra oportunidad escribiré sobre las verdaderas razones de por qué el sombrero fue eliminado de la moda
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